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Friday, January 27, 2017

sleep dealer

Si alguien me lee, sabe que me gusta mezclar las energías de la realidad periodística con la ficción producida con el propósito de lograr un cambio de perspectiva. Así que aquí voy:

Sleep dealer es una película del 2008 —el año en que Mr Drone, Barack Obama, premio nobel de la paz tomó posesión.

Dirigida por Alex Rivera esta película retrata un "futuro distópico" en el que una muralla fortificada ha acabado con la migración entre México y E.U.A. El trabajo ahora es realizado por los mismos que de otro modo hubieran sido migrantes a través de interfaces remotas desde las cuales controlan robots que hacen el trabajo de construcción a lo largo de jornadas extenuantes que literalmente terminan chupándole la vida a los operadores. Los personajes se ven forzados a caminar largas distancias para comprar bolsas de agua bajo la vigilancia de cámaras armadas con metralletas. Intentos de hackear las telecomunicaciones son interceptados y castigados con misiles lanzados por drones no tripulados.

Sleep dealer es un documental visionario que relata algo que hoy es la realidad absoluta para muchas personas. Es un ejemplo de violencia prospectiva premiada y admirada por muchos, incluido yo.

Otro tipo de violencia visual es la que ayuda a la catarsis del ser humano, y sus ejemplos más efectivos se presentan en forma de videojuegos y películas. Uno de mis favoritos es GTA, que fue leyenda en su primera y segunda ediciones allá por los noventa porque lo habían "prohibido en Brasil". Hace faltar echar un ojo al Brasil del día de hoy y las múltiples formas de violencia que el gobierno y el sistema a través de este ejercen en la población. Poco tiene que ver un tonto videojuego.

La manera de recibir, interpretar y propagar —o censurar— distintos mensajes pone en evidencia la hipocresía de los espectadores y comunicadores —institucionales o en redes sociales.

Había un tiempo en que la violencia extrema en las películas era muy criticada. La violencia "gratuita" en Pulp Fiction, heredera de Robocop y otras, era "controversial" rechazada por amplios sectores. Hoy, entre esos grupos que reprueban lo que ellos llaman "la normalización de la violencia" están los mismos que se la pasan chupando alcohol y haciendo escándalos o usando el claxon para que el portero les abra la puerta. Entre ellos están los que se la pasan fumando tabaco apestando y envenenado el aire en la calle porque "estoy en la vía pública y puedo hacer lo que quiera". Los que entre amigos —y muchas veces en público real o digital— hablan de las mujeres como presas sexuales, o le desean destinos violentos a los rivales políticos.  Entre ellos están los que apoyan la prohibición de otras drogas mientras son adictos a drogas buenas, legales.

Los que regañan a la gente por ver videos de la muerte son los mismos que defienden la vulgar "picardía del mexicano" cuando tienen abajo el selectivo filtro de la mezquindad. Son los que piensan que todos debemos creer en dios porque si no no se puede tener una brújula  moral,  los que critican la "veneración de la ciencia" pero ejercen una especie de relativismo ideológico ante el salvajismo islamista. Son los que ejercen pequeñas cotidianas dosis de violencia en la calle, los que andan de cabrones gandallas en sus coches en las colonias afluentes de las grandes urbes mexicanas.

Son los que creen la teoría de que la culpa de Columbine la tienen el roquero Marilyn Manson y la película Natural Bornk Killers. Es la mentalidad de pensar que todos son más estúpidos que uno mismo y más desgraciados que uno mismo, de modo que al ser expuestos a una imagen realmente violenta terminarán siendo unos asesinos. La mentalidad de estos individuos mustios que destruyen el tejido social en sus universos inmediatos,  que se asustan con el gore y lo quieren prohibir que dentro de sus familias y lugares de trabajo ejercen violencia y control pero condenan la curiosidad o "el morbo" de alguien que busca, ve o comparte imágenes violentas reales, tienen un grado de responsabilidad en esa fórmula paralizante que es la normalización de la violencia como un ente a combatir.

El rechazo a "normalizar la violencia" es uno de tantos juegos morales de doble filo de nuestro tiempo posmo. No es lo mismo publicar y o analizar imágenes de violencia, que autorizarla francamente, ejercerla o condonarla a un ritmo e intensidad que la conviertan en algo normaly cotidiano. Parar o acotar este proceso no se logra bloqueando contenido y pontificando contra quien lo consume.

Los que publicamos y vemos videos de violencia, o escribimos textos, poemas, o sátiras inspirados en la violencia, no somos los que la estamos normalizando. Somos quienes la tratamos de entender.

Claro que habrá quienes tengan una voz o una perspectiva más mordaz y cínica que otros, incluso quien tenga un tipo de irreverente, quizás grosero humor negro sobre una violencia que parecería que no toca al autor. Pero esto no nos-los convierte en el blanco a atacar. Al igual que con las drogas, no neutraliza al receptor o lo hace un estúpido necesitado de orientación por parte del benefactor purificado en que mucha gente se quiere convertir cuando censura, alecciona o condena la publicación de información, o de opiniones molestas para ellos.

Si tú te enfocas en condenar a estos individuos que difunden, comentan y hasta bromean con la violencia, y no a los que construyen el objeto sobre el cuál se hace el comentario, la broma, el meme, el análisis desalmado, o helado de una muerte, estás apuntando tu rifle moral al lugar equivocado.

La linea que divide el morbo y la información no es tan delgada. Depende de la autoindulgencia, del narcisismo y la intención del que se atreve a mandar un mensaje sobre la violencia o la distribución de imágenes u opiniones sobre ella. El punto nodal es la búsqueda de la verdad. Por más gris que esta pueda parecer cuando se analiza un mensaje.

Vale la pena, para bajarse de la nube del juicio fácil, pensar en la época en la que no había registro visual o digital y el único registro de eventos era escrito, y preguntarse si uno podía confiar en los relatos escritos. Si uno hubiera decidido leer o no un relato de nota roja, y responder a la pregunta ¿hubieras preferido no tener la opción de leer o no leer el relato, y que en su lugar hubiera sido censurado para cuidar tu sensibilidad y quitarte la opción?

Vale entender que la persona o medio en los que más confías para proporcionarte una cronología o reporte de la realidad bien podrían estar mintiendo o no, pero aquí aún así, la cuestión sujeta a juicio sería tu curiosidad por conocer el hecho concreto, real, horrendo o no tanto, pero de él toda su gráfica, y nítida verdad.

Volviendo al drama y el melodrama producido, vi  —y no recomiendo— la serie American Crime, temporada 2.  Me pone a pensar en el tema de normalizar,  dramatizar y trivilizar la violencia. Esta serie es una total basura y construye una dramatización autómata sin conexión concreta con ningún evento real en concreto. Es una especie de mescolanza de los casos de Columbine y el asesinato de Matthew Shepard en Laramie, Wyoming. Evoca en todo caso el difícilmente cuantificable historial de masacres escolares y crímenes de odio ocurridos en el faro de la esperanza para el mundo que Obama dice que son los E.U.A.

Otra serie de televisión que de forma visionaria —o interpretativa para quien está poniendo atención a las múltiples realidades que se desenvuelven ante nosotros y nuestros hijos— retrata, o proyecta lo que ocurre con el animal de las redes sociales, las expectativas y los juicios sociales es Black Mirror que en concierto con la película Nerve parecen una premonición o explicación preventiva del horrendo asesinato de adolescentes en el Colegio Americano del Noreste en Monterrey. México es pionero en un siniestro estilo de asesinato promovido por "las redes".

El documental Lo And Behold frota la superficie de la parte "diabólica" de una red fuera de control que influye en las mentes y las realidades de las personas al comentar el caso de Nikki Catsouras quien se mató en el Porsche de su padre y cuya foto fue filtrada, esparcida y utilizada para burlarse de los devastados padres y familia de Nikki.

El dolor de los padres de las víctimas, como los de Columbine hasta los de Newtown y los de Monterrey, sin mencionar los de los miles de desaparecidos por la guerra inspirada en la prohibición de las drogas, parece imposible de describir,  ver y tratar de entender. Pero las causas de estas muertes, el encontrar información, restos, datos imágenes sobre las circunstancias de la muerte de las víctimas, no debe ser censurado.

Todas esas preocupaciones son frívolas frente al prospecto de conocer, vivir, sufrir la violencia de forma personal. Cuando uno vive violencia tiene opciones, como en cualquier situación difícil, y entenderla, entrar lo más profundo que pueda en una o todas las violencias visibles es una opción, es una necesidad o un deber, incluso, en muchos casos, para entender y sobrevivir dicha violencia.

La violencia no es un juego. Pero la paz, la necesidad de compasión, la responsabilidad de todos por entender y actuar diariamiente para visibilizar, disectar y comprender la violencia contra terceros, y desnudar su profunda naturaleza cobarde, requiere de nosotros la valentía, la compasión, y la curiosidad oscura, que muchos van a llamar morbo, de exponerse a ella. La diferencia entre estos términos radica en la decisión de qué hacer con la información, con las imágenes. El morboso, el compasivo, el valiente ¿qué hacen?

¿Tú qué haces?


La banda Santigold escribió este párrafo :

We're the keepers
While we sleep in America
Our house is burning down
Our house is burning

Somos los cuidadores
Mientras dormimos en América (Estados Unidos para los nacionalistas)
Nuestra casa se quema
Nuestra casa está en llamas

Santigold tocó un cover no adulterado de la canción Killing An Arab —matando a un árabe— y lo cantaron así tal cual en el festival de lolapalloza de 2009 allá en Chicago. Vale la mención porque esta canción de 1979 eventualmente se convertiría en tema de controversia y eso nos debería dar vergüenza. Original de The Cure, y la cuál Robert Smith tristemente decidió dejar de tocar, sacar de re-ediciones de discos y eventualmente cambiar de letra a "matando a otro", está basada en el libro "El Extranjero" de Albert Camus, donde el protagonista en efecto asesina a un árabe en una playa.

Creo que lo que trato de explicar es que los valores, y las virtudes no son algo estúpido y galvanizado, sino requieren de experiencia personal, de empatía, de inteligencia, para ser ejercidos y enseñados. Incluso con esa palabra debo tener cuidado, porque enseñarle a alguien la ética, el amor, la inclusión, los límites de la libertad —que existen solo cuando se agrede a otra persona— no se enseñan con letanías, discursos o regaños. Es la experiencia, el poner a las personas en un escenario a actuar, lo que genera el conocimiento de un sentimiento.